8 de diciembre de 2018

MIS EXPERIENCIAS COMO VENDEDORA

Hace un tiempo atrás, cuando tenía 17 años trabajé en una dulcería como vendedora en mi ciudad natal, Acapulco. Ese fue mi segundo trabajo oficial, el primero fue a mis 13 años como empacadora voluntaria en un centro comercial llamado “Gigante” en aquel entonces.

Cuando salí de la preparatoria me quedé un año sin estudiar, no sabía que carrera escoger; quise tomarme un año para dedicarme a trabajar, y tener más tiempo para pensar que dirección tomaría.

Recuerdo que la novia de mi hermano me llevó a una dulcería donde ella trabajaba. Mi cuñada habló con los dueños de la dulcería, después ellos me entrevistaron. Como era menor de edad, tuve que pedir permiso a mis padres para poder trabajar desde las 6:00 am hasta las 7:00 pm. Básicamente todo el día.
Mis padres aceptaron. Al siguiente día me desperté temprano y mi madre me llevó hasta la central de abastos en donde estaba mi trabajo.

Mi primer día aprendí mucho sobre los diferentes dulces mexicanos. El dueño de la dulcería tiene un hermano bien chevere que me enseño con paciencia a estibar las bolsas de dulces en los anaqueles de la tienda. También aprendí de él a tratar a los clientes con mucho respeto.

Mi rutina en mi trabajo era fácil; cargaba las cajas no tan pesadas de los dulces y los acomodaba. Hasta que un día el dueño de la dulcería nos dijo que teníamos que vender más y acomodar menos. Don David, así se llama el dueño de la dulcería, nos habló de una promoción de venta que él había planteado y que sería de gran éxito. La oferta era de vender 10 bolsas de paletas  ofreciendo una gratis.
Al día siguiente, me preparé mentalmente  para perder el miedo y comencé a ofrecerle a los clientes la promoción que había en la tienda.



Don David me pedía que me enfocara en vender más, una y otra vez,  de hecho me decía que no me distrajera acomodando los dulces y ponía a alguien más a hacerlo en mi lugar, realmente no entendía  ¿Por que me exigía más a mi que a los demás trabajadores en cuestiones de vender? Sinceramente yo creía que era  muy molesto y preferiría acomodar los dulces tranquilamente.

La promoción duro como un mes, ( o más o menos del mes ) en todo ese mes sin darme cuenta estuve entrenándome como vendedora de aquella dulcería.

Después de un tiempo trabajando allí, se me ocurrió la brillante idea de  iniciar mi propio negocio en mi casa.
Cuando recibí mi pago semanal de la dulcería  lo inverti todo comprando dulces por mayoreo para vender por menudeo en las tiendas que estaban cerca de mi casa.
Salía todos los días cargando humildemente un morral lleno de bolsas de dulces, llevaba puesta una sonrisa y una mentalidad de “hoy voy a vender” y no regresaré a casa hasta que venda por lo menos una sola bolsa de dulces.

Iniciaba el recorrido de una hora y media por mi barrio o hasta que me cansara. Les ofrecía las bolsas de dulces a las tiendas pequeñas explicándoles los beneficios que ellos tendrían si me compraran a mi. Uno era que yo les tomaría la orden de los dulces que querían y también compraría el precio con otras tiendas. Dos, los clientes que me escogieran como vendedora recibirían promociones y lo más importante, todo servido  a la comodidad de sus hogares.

Aprendí de los vendedores que le surtían a mi padre en su tienda de abarrotes. Mi curiosidad era demasiada y mi creatividad me ayudó a hacer más ideas con los productos.

Mi pequeño negoció contaba con 3 anaqueles surtidos de dulces: paletas, chicles, bombones, caramelos y unas pulpas llamadas tarugos en bolsitas de plástico hechas en casa por mi.

Todos los días salía con mi morral lleno de dulces  y los ofrecía a las tiendas de mi colonia. Cada vez caminaba más lejos y más cargada de dulces, y aunque no siempre me iba bien, hubo días en los que no vendía absolutamente nada. Esos días eran en los que pensaba crecer más, y como sabía que eran normales, lo volvía a intentar al siguiente día con mejor actitud.

Mirando atrás en todas las experiencias pasadas me doy cuenta que todos los trabajos que tuve cuando era adolescente me ayudaron a convertirme en lo que soy ahora. Es verdad que todo sucede
 por algo y muchas veces sin que nos demos cuenta la vida nos va preparando para nuestra verdadera vocación.

Siempre estaré agradecida con Don David y su esposa Alejandra por ser buenas personas y por enseñarme a perder el miedo a pesar de no tener experiencia en vender. Don David compartió muchos consejos con sus sus trabajadores, siempre nos motivaba y nos trataba con respeto.

El equipo de trabajo era uno de los que más recuerdo con cariño porque tuvimos una relación bien chida! Casi no había estrés  siempre trabajando con  relajo y reíamos todos los días.

Al salir de la dulcería entre a otro trabajo en un campo de golf en un hotel de Acapulco. Ahí manejé los carritos de golf y les ofrecía a los jugadores: comida, sodas y bebidas preparadas.
Ese fue otro trabajo que disfruté mucho porque también me desenvolví como vendedora.

Un día un señor con su esposa que solían ir a  jugar golf  al campo me ofrecieron  trabajo como vendedora en una ferretería en el Distrito Federal. Yo no estaba segura de aceptar el trabajo, pero  lo que si acepté fueron sus comentarios que me cayeron de sorpresa. Me dijeron que les gustaba mi personalidad y también como los trataba.
Me sentí alagada de escuchar esos comentarios hacia mi trabajo, pero aun así no me consideraba lo “suficientemente buena” como para dar un salto a ese nivel.

Cuando me vine a vivir a los Estados Unidos, estuve  trabajando en un restaurante Méxicano que era más Americano que nada.  Después de un año conocí a mi esposo, tuve a mi hija Génesis y como no trabajaba hice un negocio pequeño, vendía bolsas de marcas y ropa interior.

La vida me presenta oportunidades que son para mi un constante aprendizaje en negocios. Ahora que estoy de vuelta trabajando con mis artesanías me doy cuenta que esta es mi vocación, ya lo he vivido antes pero no con la intensidad que siento ahora.

He crecido y sigo aprendiendo. No pararé.


XO

8 comentarios:

  1. Una auténtica historia de superación, eres emprendedora, creativa y valiente.
    Qué gusto conocerte, Marisa!

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  2. Increíble tu historia, no cabe duda que tienes madera de vendedora, adquiriste experiencia en la dulcería pero eres tú, con tu personalidad y tu aptitud emprendedora la que te ha llevado hasta aquí y me alegro mucho que ahora puedas dedicarte a lo que te gusta.
    Muchos besos, Marisa.

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  3. Una historia inspiradora sin duda. Un besote

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  4. Uma história interessante. Beijinho e Feliz semana.

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  5. Que bonito post me ha encantado!!besos

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